Entrevista a la Súper Madre de la semana: Marian

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Nieto y abuelo en la ludoteca al día siguiente

Esta mañana esta humilde reportera ha llegado a la redacción con la lengua fuera; y cómo no, la jefa estaba esperándome con cara de paciencia infinita, sentada en MI mesa.

H: Hola jefa, ¿qué tal tu mañana?

S: Pues retrasada, como siempre, porque la entrevista que estoy esperando que me traigas debería haber salido ayer en primera página.

H: Ya. Estooooo, si, es verdad, si. Vale. Eeehhhh… la traigo aquí – digo mientras saco un papel arrugado de mi bolsillo trasero del pantalón. La cara de Sarandonga es de antología, levanta una ceja, tuerce la boca y oigo:

S: ¿¿¿Eso???

H: Oye, lo redacto ya y te lo envío. Pero si me dejas sentarme delante del ordenata, claro.

Sarandonga suspira y se levanta mirando hacia otra parte.

S: Hala, sí, ahora es que no te dejo trabajar. Espero tu gran obra maestra en mi despacho. HOY.

Se va sin mirarme. Yo creo que a esta chica el desayuno le sienta mal.

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Esta semana nos hemos preguntado por esas madres que, no solamente cuidan de sus hijos, sino que también tienen a otras personas a su cargo, como los abuelos, una tía soltera o una madre enferma. Y así hemos conocido a Marian Laparte, una mujer que tiene un hijo de cuatro años, un trabajo exigente (es gerente de una distribuidora de bolsas de papel) y un abuelo del que cuidar.

Quedamos con ella en su despacho del trabajo, muy ordenado, por cierto.

LMT: Marian, cuéntanos un poco tu situación de madre-cuidadora.

ML: Bueno, en realidad, es muy sencillo, todo es cuestión de organizarse. Y hay que decir que tengo un trabajo con un sueldo que me permite tener una persona en casa que se ocupa de las labores del hogar. Eso hay que tenerlo en cuenta, porque no todas se lo pueden permitir, y puede dar la sensación de que no realizan bien sus tareas, pero es simplemente que no tienen los recursos a su alcance para poder hacerlo.

LMT: Sí, eso es verdad, hay que tenerlo en cuenta. De todos modos, cuéntanos de quién te ocupas tú.

ML: Bueno, a ver, tengo un niño de cuatro años. Ahora que no hay colegio lo dejo por las mañanas en la ludoteca, y también me hago cargo de mi abuelo, de ochenta y seis años, con una demencia incipiente, y al que dejo en el Centro de Día. Los dejo en sus respectivos lugares y luego vengo a trabajar.

LMT: ¿Tu trabajo te permite llegar a una hora adaptada a tu situación?

ML: No, eso no, porque de mi trabajo depende el de otras personas, así que tengo que ser muy puntual. Pero me levanto a las seis, me arreglo yo, luego levanto y ducho a mi abuelo, lo aseo y preparo, y luego levanto y preparo al peque. Y así consigo llegar a las nueve aquí.

Y todo esto me lo está diciendo una mujer de punta en blanco, con un maquillaje impecable y una serenidad desbordante.

Suena su teléfono móvil.

ML: Vaya, lo siento, a ver… huy, del Centro de Día. ¿Diga? Sí, soy yo, ¿qué ha pasado? – mira hacia su mesa poniendo la mano delante de lo ojos, como sujetándose la frente. – ¿Martín? ¿Sí? ¿De verdad? Huyyy, qué despiste… sí, sí, sí, voy para allá a recogerlo. – Levanta la cara y la veo sonrojada- Perdona, tengo que hacer una llamada a la ludoteca.

La veo manejar su móvil y llevárselo a la oreja.

ML: ¿Ana? Ana, ¿qué tal?, Soy Marian, la madre de Martín. No, no está malo, no, lo llevaré ahora, es que creo que me liado un poco hoy. Oye, ¿tú no habrás visto por ahí a un señor mayor un poco despistado? ¡¡¡Aaaahhh!!! Qué alivio, sí, no, no, no, no te preocupes, voy para allá; nooooo, es mi abuelo, sí, es que creo que hoy me he despistado…

Cuelga el teléfono.

Yo no digo nada, la miro callada, y creo que, por mucho que lo intento, no dejo de tener los ojos como platos.

Me dice abochornada:

ML: Perdona, me tengo que ir… es que tengo que hacer un cambio de… bueno, da igual… que me he equivocado y he dejado al hijo en el Centro de Día y a mi abuelo en la ludoteca, chica. Ya sabes por dónde se sale, ¿no?

Y se va corriendo.

Y yo también.

Otra súper madre que no es súper madre. Otra súper madre que es una mujer normal.

Han Vancouver, desde Aquí Mismo

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Envío la entrevista al ordenador de Sarandonga y, mientras, me quedo en mi mesa haciendo unas llamadas. A los cinco minutos oigo un grito:

– Haaaaaannnnnn

Ya la ha leído. Lo sabía. Es que no le gusta nada de lo que hago. Voy a su despacho y me asomo por la puerta.

H: Hola

Me mira un poquito desesperada.

S: ¿Abuelos en ludotecas y niños en residencias de ancianos? ¿¿¿En serio???

H: Te juro que es lo que pasó. A lo mejor si dejaras de buscar lo que no existe…

S: Mira, la voy a publicar porque es lo único que tengo de supermadres, y eso es lo que te salva esta vez.

H: ¿Esta vez?

Me mira y antes de que sus rayos destructores invisibles me alcancen, desaparezco.

Conclusión: la próxima entrevista de súper madre se la haré a ella.

Otra conclusión: en su cumple le regalaré un curso de yoga.

3 comentarios sobre “Entrevista a la Súper Madre de la semana: Marian

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