Historias de la redacción: Han y los zombis del metro

Redacción

¿Es un pájaro? ¿Es un extraterrestre? ¿Es un avión? Noooo… es… ¡Han Vancouver, llegando a la redacción!
Y es que llegar a la redacción yendo en metro en hora punta es algo inhumano. Yo llevaba un moño muy mono… llevaba, sí, llevaba. Ahora parezco la Bruja Avería.
Me encuentro con Marq en el ascensor, que nada más verme pone cara de asombro:
– Pero, ¿¿¿qué te ha pasado???
– Nada, -digo soplando a un pelo que se me viene a la cara-, el metro. Ya sabes, hora punta. Eso parecia Walking Dead.
– Chica, -me mira de arriba abajo-, a mi esas cosas no me pasan.
– (Le miro con furia) Tú no llevas moño, Marq.
– No, no, yo no.
– Oye, ¿cómo tú por aquí? ¿Vienes a ver a Sarandonga? – Se me afila la mente detectivesca; si Marq anda por aquí es que algo se cuece… Marq no viene asi porque si, para comunicarse ya tienen el mail y el Whatsapp… Y ahora que lo pienso, yo no tengo
el número de Marq… oyeeeeeee, que me están dejando a un ladooooo.
– No tengo tú número.
Marq da un salto hacia atrás. Ayyysss, ¿por qué no seré más diplomática? La gente no dice así las cosas, y se me asustan.
– ¿Mi número? Puessss… estoooo… ¿sabes que no me lo sé? (sonrisa tontuna) lo miro en el móvil y te digo, ¿vale?
Le lanzo una mirada que hubiera helado el Polo Norte. He decidido dejarle KO, jijijiji.
– No te preocupes, ya se lo pido a la jefa. – La cara de Marq es un poema, yo creo que está a punto de pedir un desfibrilador.
Llegamos a nuestra planta y los dos, sí, claro, los dos, nos encaminamos al despacho de Sarandonga. Le sigo los pasos.
– ¿A dónde vas?
– Pues al despacho de la jefa, Marq.
– Ah, ¿tú también?
Sonrío con la boca, pero no con mis ojos.
– Sí, Marq, yo también.
Y allí nos presentamos. Y allí dejo de tener primacía sobre el pobre Marq porque en cuanto la jefa nos ve a los dos, me mira y me espeta:
– ¿Querías algo?
– Buenos días, jefa, yo también te quiero.
Suspira con muuuucha paciencia.
– Diiime…
– Nada, que me preguntaba si teníais algo entre manos de lo que yo no estuviera al tanto.
– Han, de lo que tienes que estar al tanto es de lo que ocurre en la calle en el mundo de las mamis. Y no, respondiendo a tu pregunta, no tenemos nada entre manos. Marq viene a echar un vistazo a LMT y la edición digital. Y a darnos consejos blogueriles: logaritmos
de Facebook y esas cosas.
– Que había pensado yo, jefa, -miro de reojo a Marq: no me quiero perder su reacción-, que a lo mejor podíamos hacer un grupo de Whatsapp los tres, por aquello de estar en la misma onda los tres con los consejos del Sabio Superior Marq… (le hago una
reverencia).
Marq está a punto de desmayarse. Lo noto, lo intuyo, lo percibo, …y me regodeo. Y noto una sonrisilla en la cara de la jefa.
– Ah, pues mira, ¿sabes que no es mala idea esa?. Estoy harta de buscarte por todas partes para contarte los avances, y así Marq nos lo cuenta a las dos a la vez.

Al pobre Marq casi le da un síncope. Y se le escapa sin querer:
– ¿¿¿Un grupo con esta loca???
Sarandonga se carcajea.
– No te preocupes, hombre, a través de Whatsapp es inofensiva. Y es verdad que si está en el grupo ya no hay que andar buscándola por debajo de las mesas para comunicarle
todo. Y el blog, al fin y al cabo, para bien o para mal, también lo conforma ella. – Me mira un segundo – ¿qué te ha pasado en la cabeza? ¿con quién te has peleado?
Contesto con voz monocorde:
– El metro: las brujas, los zombies y su pu…
– ¡Han!
– Perdóooooon.
– ¿Tienes algo nuevo?
– Sí, algo relacionado con el metro y las mamis que van con sus nenes.
Los ojos de Sarandonga lo dicen todo.
– Anda, vete a escribir y me lo pasas. Ya te contaré luego la reunión.
Y me voy.
Y escribo.

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